Miren bailar a la niña-abejita al principio del vídeo. ¡A que se ve rete chula! Ella baila y baila, pero como está tan adelantada a su tiempo, sólo recibe risas burlonas del público. ¿Será eso suficiente para robarle su sueño de ser la estrella mundial del tap? ¡No, por supuesto que no! Aunque está sola en el mundo, ella seguirá bailando con todo su corazón hasta cumplir su sueño. ¡Y vaya que lo cumple! ¿No les fascina cuando entra al jardín de las abejitas con sus lentes todos ladeados? Wow, cómo me gustaría estar ahí, sobre todo porque se ve que la escuincla está en medio de un viaje mega ácido (claro, seguro el negro del perrito le regaló una tacha o el viejito de la banca la llevó por unos dulces). Finalmente llega a un paraíso lleno de abejitas y, también por qué no, abe-jotas.
¿Qué puedo decir? Adoro a la niña-abejita. Sus lentes gigantes, sus mangas de abejita, sus antenitas de abejita, su mega tutú negro con amarillo, sus pecas y su actitud tan decididamente apícola son, simplemente, un encanto.
Ah, cómo quisiera yo también ser una niña-abejita y no alguien a punto de cumplir 30 años.
Detalles icónicos del vídeo:
Detalles icónicos del vídeo:
- La niña-abejita. No me acordaba del nombre de la canción; mucho menos de la banda. Bueno, ni siquiera de la tonadita. Lo que sí marcó mi vida fue la niña-abejita.
- Los colores ácidos del jardín de las abejitas. Fíjense bien en el contraste entre el mundo real en todos opacos y el fascinante mundo de las abejas entachadas.
- El pelo largo de todos los integrantes de la banda. Esto es claramente un resabio de las bandas de rock ochenteras.
- El bailadito de Shannon Hoon (el vocalista) no tiene madre. Fíjate bien Natalie Imbruglia, esto sí es naturalidad.
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